hG, Spare Parts: A Crime Has Many Stories in Buenos Aires

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El Hijo, Un Relato Corto

Comisionado por el haudenschild Garage 2008

1. El Hijo
Lo que más me molestó de nuestra relación (las cosas marchaban mal) es que me tuvo que decir por segunda vez que no tendría ese maldito hijo. Después de un silencio usurpador me dijo que tenía miedo y que la acompañara al hospital. Y acá podría comenzar otra historia, o la historia trágica de nuestra separación.

El hospital, en cuestión, al que debía acompañarla era nadas mas ni nada menos que el Hospital Rivadavia.

Ya estaba podrido de llevar esta vida de mierda en un departamento de un ambiente en La Pajarera, barrio del Once, una torre de 21 pisos llena de inmigrantes. No quería saber nada mas, quería regresarme a Quilmes y maldecir por haber salido de ahí y de las piernas de mi madre. Aprendí que todo lo que brilla, brilla porque está lejos. Mi vida se caía a pedazos como el país, con sus problemas de ganado, soja, sus problemas agropecuarios; sus cortes de rutas y su aire de desasosiego. En el supermercado desaparecía la leche, el pan, el yoghurt, el café. Lo cual hacia de una ciudad carísima. Ya parecía Lima. Pero la tenía a ella, pegada a mi.

Tenía todo para hacer; el trabajo en la fábrica de jeans me saturaba; pero yo me robaba unos juegos de pantalones y los vendía en el piso, en Once. Eran unos levis que vendía a precio nacional, imbécil. Se corrió la bola y ya la gente me esperaba para comprarse unos jeans. “Ahí hay un delirante que te vende un levis a 20 pesos”. Y eso me permitía tener un dinero extra al instante.

Todo era una mierda. Había dejado a mi mujer y a mis tres hijos chicos para irme a vivir con ella (la conocí en la fábrica) pero ya no quería saber ni jota sobre su vida. Nada que hiciera o sintiera me interesaba. Se convirtió en un objeto en mi vida. De los muchos que abundan en nuestra casa.

Ahora estoy en esta sala de mierda y ella no me importa. Es un gasto personal, es en lo que pienso siempre; el objeto en el cual emboco todos mis pensamientos desde hace 15 años. Cómo zafar de mi laburo; hacer guita. Dejar de que me exploten. Si a veces, en el momento mas inesperado del día, cuando escribo un cuento, es con la idea fija de hacerme rico y famoso. Mando cuentos a todos los concursos de España. Pero nada. Me falta vocación. Tengo que hacer como Roberto Bolaño que se escribió una gran novela. Pero soy incapaz de escribirla. Apenas escribo estos cuentos pobres mientras espero que salga un zángano médico cagón y me diga qué hacemos. Lo pero de la vida es esperar a que un medico te diga lo que tenés que hacer. Es sencillo: compra un rifle y salí a matar gente. ¡Acaba con tu vida y vidas ajenas! ¡Eso es un gran acto!

A todos los piojos y piojas del mundo que yiran sin un peso, les digo, compren un rifle.

El infeliz no me dice nada. Viene con ella, le pasa la mano por el pelo, la saluda y le da un turno para la semana que viene. ¡Qué ganas de escupirle la jeta a esa rata! ¡Todo médico es, por naturaleza, una rata!

A ella le dirigió una mirada lapidaria y me voy (ya es un peso, una mochila en mi vida), a vender jeans robados al Once. Lo primero que hice fue cambiarle un jeans a Luis Risco, un hampa, un diler del carajo: ¡un jeans por tres gramos de coca!

– Man, de la refrigeradora del mismísimo Evo Morales, cola de escorpión, se disculpó el guacho, probándose por encima el jeans. Hecho. Deshecho.

Me los aspiré en dos patadas, ahí mismo delante de Risco y del rati de la esquina quien miraba las zapatillas caras en una vidriera deportiva. Rati, cuántas horas tenés que cuidar los negocios de los dueños para tener una zapatilla así? ¿36, 48, 65? Muchas horas para un par de zapatillas, mucho esfuerzo, mas fácil es coimear, entrar con un caño al local y llevarlas en un segundo, sin esfuerzo. Ese es el secreto de robar, se tiene todo sin permiso de nadie. Señores, por eso cuando me hablan de democracia, de instituciones, ja.

Yo no sé que tendrán contra la coca los yanquis. ¿Será que se la quieren toda para ellos? ¿Tan egoístas podrán ser esos cerdos? Nueva York, qué garcha, estuve una vez ahí, hace tiempo, viajé en el subte, qué garcha, todos los negros te miran con odio, la gente se odia en todos lados, es una porquería esa ciudad en la cual no se puede vivir, Nueva York, andá al Bronx, a Harlem, no se puede respirar.

La coca es la gran inspiradora, no tengo dudas. Es la mejor amiga que se inventó, te das tres gramos y te quedás sordo, te volvés loco.

Gracias a ella, no paraba de hablar y me vendía los jeans en un segundo a 300 pesos me los instalaba y la nariz en pleno éxtasis… Voy a comulgar y estoy en éxtasis.

Ese invierno fue el más cruel. Luis Risco se me acercó y me dijo, armemos un negocio, Cucu.

– ¿Cuál?

– Sencillo, transportar merca de Once a la Isla Maciel.

Ese invierno había sido el mas cruel en años, lo repito para que sientan el frío. Era el tercer mandato de la señora Cristina de Kirchner. El riachuelo se había congelado por primera vez en años. El río roñoso, fue una pista de hielo donde jugaban los niños. Incluso era tanto el espesor del hielo que los autos cruzaban por el hielo hacia Uruguay.

Fue el mejor trabajo de mi vida, el más peligroso, el mejor pago y sencillo de todos los trabajos humanos, es vender droga. Viva la venta ilegal de drogas, señores, es una alternativa, una lucha contra la explotación laboral del capitalismo. Es un atajo hacia el dinero que siempre nos espera a la vuelta de la esquina de la ciudad de la droga.
Esta es la ciudad de la coca, señores. No Medellín. No, el DF. No, La Paz, señores. En Miami, nadie toma drogas. No, señores, los capos, el fuerte de los carteles, está en Buenos Aires. La ciudad más careta. La ciudad más drogona. Y de acá la llevan a España, ya la exageración, ya la coca es más importante que el Rey, que también es adicto. ¿Hasta que punto la toma de merca será una cosa del corazón, una cuestión sentimental, freudiana? No se puede, nunca, dejar de tomar.

– Te vas a volver como los bichos que dejan de fumar, ¡al día se mueren!, me gritó Luis Risco, cuando le dije que quería cambiar de aires.

– No seas bestia, no le creas a los diarios ni a los noticieros, que son empresas de los mismos dueños de los carteles. La coca no mata a nadie, man, lo que mata son los políticos, ellos son la verdadera mierda de este mundo. Lo que mata es el hambre, la desigualdad, la democracia, la soledad y por último la desesperación…

La ciudad de la coca es Buenos Aires, yo lo sé, de noche hacía casi cien viajes por las calles de Palermo, de Belgrano, a llevar coca en moto, un autoservice, un delivery de locura, señores. ¡Quién pide 10 gramos de merca, en Lima o en Cali, a las 5 de la mañana! Toda la droga es para acá, fabríquese en el Cibao, en el Quindío, en Piribibuy, en Ciudad del Este, en el Alto, pero es todita para acá, para los cien barrios porteños. A Bolivia, y a ese negro podrido del Evo, lo que hay que anularle no son los hidrocarburos, sino las fronteras. No al gas, sí a la coca. La coca es el mejor gas.
El mejor trabajo de mi vida, lo único que tenía que hacer es cruzar el riachuelo siguiendo la línea de sombra que el puente de La Boca gracias a la luz de la luna proyecta sobre el hielo.

– Fijate, bien, moco, donde la luz hace su hilo de sombra, por ahí tenés que caminar, porque está el hielo grueso.
Me puse entre la ropa bolsitas de coca y crucé hacia la Isla a las dos de la mañana. ¡No existe nada mas amenazador y negro y solitario que la blancura del hielo a las dos de la madrugada!

Crucé a la isla y entregué el paquete. A ella me adicté, la coca, gratis, el pollo y las papas fritas.

La relación mejora firme, hacia el empeoramiento. Me caí un montón de veces, la pista era resbaladiza. Llegaba al otro lado del río, molido, como si me hubiera agarrado una patota. Hasta que se aprende a caminar en el hielo. Todo se aprende. Hasta a pasar coca por una pista de hielo, que es la vida, se puede aprender.

La mala suerte o una animalada mía, fue por lo que me pegue un golpe tan fuerte que me rompí la cadera. Y estuve toda la noche congelándome hasta que un repartidor en bicicleta me vio y me rescató. No se puede confiar en nadie. Me hizo rescatar.

Me robó la coca y llamó a la policía… y de ahí al hospital… y chau mis dias de pasador de coca.

La ambulancia me llevaba por la calle Pinzón, y sentí el olor de la pizzería de Abundio. Todo lo que vino después no vale ni la pena contarse. Estuve seis meses con un yeso. Cuando me lo sacaron tenía toda la cadera negra, llena de pelos, parecía un pedazo de otro cuerpo, no sentía que fuera mi cuerpo.

-Es un hongo, me dijo el doctor.

… Se te va solo en los proximos meses, dale sol y no lo encerrés más. Hacé un deporte, jugá a la pelota con tus amigos del barrio. ¿Tenés amigos en el barrio?

Los médicos son una bosta. Habría que matar a todos los médicos, ya lo dije, no sirven para nada, ni para poner un suero, pincharte el brazo, recetarte una aspirina. Antes de ver un médico, prefiero morirme.

Ella se había hecho el raspaje finalmente y estaba bien. Me habían echado de la fábrica de jeans y ya no volvería a conseguir un empleo. Mis tres hijitos vivían en un departamento de un ambiente de Almagro. Comenzaban a pasar hambre. La vida me daba otra cachetada.

Me volví un rengo, por suerte conseguí un trabajo en un kiosco, pese a mi desgracia en la cintura sin embargo, pasaba las noches en vela, pues debía atender el kiosco en horario nocturno.

Unos ladroncitos de morondanga, me tomaron de punto. Me calaron que no podía correrlos, ni tirarles una piña sin perder el equilibrio y caerme al piso. Así que venían cancheritos, se apoyaban en la columna del kiosco y comenzaban a comerse las golosinas.

-¿Qué haces renguito? ¿Podés coger aunque sea?

Me saqueaban de lo lindo. La primera vez los corrí, saltando en un pie, no llegué lejos y fue para peor, cuando volvi al kiosco estaba mas pelado que antes. Primera lección del maestro terrorista de la realidad: no abandones jamás t u puesto de trabajo o tu lugar en la cama, pues te lo ocupa otro.

El dueño me dijo una sola cosa:

-Que sea la última vez, morocho.

Y me pasó 5 veces mas y el dueño me echó. El destino de todo ser humano es ser echado, de acá o de allá, o de casa, echado, ese es el destino, anotelo con fluorescente, rajado, de la faz de la tierra, la escencia del hombre es molestar. Rajado, expulsado de la tierra.

Cuando pasé por el kiosco lo atendía uno de los ladroncitos que solía afanarme, pensé en hacerle lo mismo, pero ni siquiera eso podía hacer.

Conseguí un trabajo para doblar tapas de empandas. 5 centavos por cada tapa de empanada doblada. Una paga miserable, pero era lo que estaba al alcance de mis posibilidades.Un trabajo para inválido. La empanadería tenía un bello nombre, El Noble Refulgue.

Siempre se vuelve a la cocaína… Pero por ahora no lo haré. Seguiré con las empanadas.

(Mi gran defecto al escribir estos cuentos es que pienso que lo que cuento es interesante o le puede llegar a interesar a alguien. ¡Y eso es una pendejada egomaníaca! Hay que escribir pensando que el otro se está aburriendo, para ser escueto. E ir rápido. Casi sin respirar, con las manos pesadas, hay que escribir para sacarse todo de encima lo más pronto posible. ¡Qué piensen los que están pedo! ¡Aburrite hijo de puta! Pues para escribir algo que valga la pena ser contado, hay que esperar 50 años de aburrimientos, de frases pobres, ni un año menos. “Fluído, soñoliento, sordo, casi sin luz”, Flaulkner).

………………..

A veces, ciertas mañanas, cuando sale el sol y estás en la cama, tenés la convicción que ya nunca vas a caminar; y yo, ya nunca iba a solucionar el problema de mi cadera. Pese a todo me levantaba a amoldar empanadas en El Noble Repulgue. Una mañana vino un jefe y nos trasladó a otra sucursal, en las calles San Luis y Larrea ¡Once! Ahí, las cosas comenzaron a cambiar.

2. El señor cara de lechuza

Pollo, carne y pollo, humita, jamón y queso; carne suave, carne picante; ¡carne con carne!; carne humana, carne de negros: carne de cumbiantero drogón; carne de cordobés cuartetero guaso y borracho;carne, carne de pollo engordado con lámpara de 800 watts, carne de pollos, carne de cerdos: pelados, horrendos, y en mi cabeza el cristal meath, las metanfetaminas; el estiércol del Reinol con diez aspirinas de pepsi “aspirina-cocaína-anilina colibrí-cocaína- la coca está en todos lados, en La Boca le decimos Sol Albañil o Gilda. Siempre tendrás drogas, por donde vayas tendrás el deseo de la droga.

“El Central Argentino”, así se llama el mayor chatarrerío-laboratorio de pasta base del barrio azul y oro con estrellitas.
La primera vez que fui a comprar para revender, me llevo Luis Risco. Me envío un mensajito de texto. “El Central nos espera, paso por vos, en 15 minutos”. Nos encontramos en la calle y fuimos caminando.

– ¡Qué gran nombre!, dije cuando lo pronunció con su gangosidad habitual. Es culpa de los padres, la gangosidad del Turco, porque no llevan a los chicos al fonoaudiólogo. Una detalle sencillo, de simple solución, pronunciar bien las palabras, usar bien la lengua, que después se hace una marca para toda la vida. ¡Los padres son unos bestias! ¡Escuchan que el crío pronuncia mal y no hacen nada!

Ahí descubrí a Gilda, la que me sacaría de la fabrica de empanadas y me llevaría de nuevo al ruedo, al goce y gozo de vender y tomarse toda la coca en la vida.

Gilda, le pusieron dos perucas ex Sendero Luminoso, a la pasta de la pasta base, los restos mezclados con vidrio mulido y cal, algo mas barato que el Paco. Resinas de la muerte, piedritas de calcio del hígado promiscuo del diablo. Siluetas de la droga mas barata del mundo… es para bailanteros… un homenaje a Gilda.

Fue en el Central Argentino donde me convertí en el Señor Cara de Lechuza. Me llevé en la mochila –gracias a Luis Risco-, 1500 gramos de Gilda, una piedra, un adoquín que me daría de comer un mes.

2008. Buenos Aires, señores, la ciudad de la droga. Salí a la calle con mi piedra y la pegué en trocitos junto a Leo, un pibe de La Maciel, y la quemamos al toque. 500 mangos para él, 3500 para mí.

5000, 4000 lucas es lo que se puede sacar con una piedra de Gilda.

Las cosas no son fáciles en el sendero de la droga, esa noche salí con la cara tajeada con un cotter de abrir paquetes de coca. Sólo dos cortes profundos, uno en cada mejilla que me desfiguraron, pero fueron “trazados por un experto pa que me reconozcan”. Y me hice conocido.

Me abrieron la cara como una milanesa de soja rellena con queso. El metal frío calentándose con mi propia sangre, ardiente, el corte rústico.

Me dejaron la cara redonda como una lechuza. Y cuando me drogo, los ojos se me redondean como una lechuza. “Ahí, anda Cara de Lechuza”, dicen cuando me ven sacado.

Lo peor no es el corte. Me rompieron el culo. Vino un burro, un tipo con una pija gigantesca que contratan para hacer hablar a los narcos policias, para tocarles el amor propio, les rompen bien el culo. El burro bombeaba con todo adentro mío, sentía su poronga enorme entrarme con todo, a la altura de mi panza, por mis tripas, viajaba la pija del burro. Por lo general, un burro es un tipo infectado que se excita al transmitir, ex presidiario que aprendió a romper culos en la cárcel. No es fácil ser un rompeculos, si no se sabe ponerla te rompés la pija.

Al que me rompió el culo lo conozco. Sé donde para. Vive en un conventillo de la calle Iberlucea, con dos hermanos borrachos y una borrega de 10 años que la robaron en el barrio y pasan la tarde cogiéndosela. Todo el barrio sabe que la nena está ahí y nadie hace nada.

Me cogieron por cojo, por rengo de mierda, por mis problemas para movilizarme. Gilda es un exitazo, me compré un auto, un rifle, una ametralladora y un arma de mano y salí a robar y a distribuir a algunos pendejos del barrio que, en vez de venderla, se la tomaban toda.

En esa conseguí el dato de afanar una imprenta peronacha La Germán, de la CTA (Confederación de Trabajadores Argentinos).

– A estas guachos les bajan un montón de plata… Mirá las máquinas que tienen, valen medio millón cada una. Hay que ir con un camión y llevarse todo. Un Verga Hermanos necesitamos…

A la noche nos llevamos todo. Reíamos con el Leo y Risco, no podíamos parar de cagarnos de la risa. Nos reíamos sin parar, me olvidé que era rengo, me olvidé de mis hijos, me olvidé de mí, me olvidé de vivir…

Reíamos y veíamos monedas, cicatrices, caras en el cielo.

Leo me gritó en la cabina del Verga Hermanos.

– ¡Mirá, Juan, veo tu cara de lechuza en el cielo entre las nubes!

Nos cagábamos de la risa, no podíamos parar.

Sacábamos los brazos y la cabeza por la ventanilla del camión para mirar el cielo. El olor nauseabundo del riachuelo nos daba en la cara.

– ¡A ver la cara del Señor Cara de Lechuza!

– ¡A ver la caripela del Señor Cara de Lechuza!

– ¡Lo de Señor me lo puso un chaqueñito pobre que me pedía por favor que le rebajara la merca! ¡Señor, la necesito tengo tres pesos! ¡Señor se lo suplico! ¡O sino, Don! ¡Se imaginan Don Cara de Lechuza! ¡Qué horrendo! ¡Con tal de que me dejara de llamar así le regalé tres gramos! ¡Pobre chico!

Mirábamos para arriba y veíamos mi cara, la cara de Dios y nos metimos de cabeza en el Riachuelo con camión y todo.
¿Cuánto valían estas máquinas modernas yanquis? ¡Medio millón! ¡Las máquinas que inventan los yanquis para engatusar a la gente!

¡Y después dicen que la coca es lo peor!

¡Imprimamos un periódico barrial que aumente el consumo de droga! ¡Imprimamos una revista familiar: de la familia de la droga!

Nos reíamos en el agua casi ahogándonos y ni nos dábamos cuenta. El agua fría y mierdosa. El olor a bosta insoportable del Riachuelo. El Puente de La Boca visto desde abajo, desde las aguas, parece un pico de estrella con esos fierros oxidados, cruzados sobre el horizonte.

Yo me comí un sorete, como si me fumara un habano que Fidel le regaló a un compañero; que a su vez se lo regaló a un militante; que a su vez fue a parar con el pucho en la boca y me lo regaló a mí en el fondo del riacho sucio.
Nos salva un botero que cruza gente hacia la Isla.

La gran imprenta pa imprimir nuestros sueños funciona todas las tardes en el fondo del Riachuelo. Los peces imprimen el periódico “Tiburón salvaje”.

Soretes, viva el amor; nadábamos de la alegría; agua mineral; ranas acuáticas; submarinos de mierda, renacuajos, ranas, ratas, viejas de agua, pejerreyes monstruosos, cabezas de mujeres rubias cercenadas al costado de la ruta; el sesenta de los viernes en La Boca.

Locos, mercaderes de mierda, vimos el cadáver de Rodolfo Walsh, intocable, rodeado de mierda: 50 años de mierda pa que al fin, reine la Coca. Fiebre. Carne. La Burrita de Ipacaraí. Víctor Bo. El cadáver de Rodolfo Walsh con una pistola en la mano, nos saludaba, loco, nos matábamos de la risa.

– ¡Estamos muy quemados!

Las cosas que se ven desde el fondo del río, las drogas, los príncipes de la droga, las ahijadas de la Pala, y el cuaderno de Rodolfo Walsh, puteándonos por inútiles. Delirábamos, gritábamos boludeces, decíamos nuestros nombres.

– ¡Yo soy Rodolfo Walsh!

– ¡Y yo soy Leo, de la Maciel!

– ¡Y yo, la risa del Once, me conocen como el negro Juan, el Señor Cara de Lechuza que le robó 30000 dólares a la policía, al comisario del barrrio cuando traía a su anciana madre del médico!

– ¡Y yo soy el Señor Cara de Lechuza, estoy muerto, vivo de prestado!

Sin droga la existencia se cristaliza y cagaste, no podés vivir sin el caos que te da la droga. Y empezás a buscarla con desesperación, ahí ya sos hijo, ahí cagaste querés huir del mundo y ella es la capitana del tren bala. Y la loca anda siempre puesta y te estrella en cualquier lado, como nos pasó a nosotros en el riachuelo y como les pasa a miles en Buenos Aires u otra ciudad del mundo. La coca crea hijos, fieles, caprichosos, dispuestos a morir.

Me dieron 15000 dó lares y cagué a palos a mi mujer y entregué a mis hijos a una gorda que se los vendió a un matrimonio alemán.

Cuando la madre de mis hijos me vio entrar como loco, me gritó qué hacés acá hijo de puta, drogadicto de mierda y se puso como loca cuando me vio agarrar los chicos y bajármelos hacia la calle por la escalera. Agarró un cuchillo y me tajeó por todas partes, pero Luis Risco, estaba esperándome en la esquina en una camioneta y nos llevámos los críos. Todavía me rebota, me repercuten en la cabeza sus gritos de dolor desesperado. Nuestra vida fue así, nacida para que nos ocurran las peores cosas.

Floreal (por Floreal Ruiz) de cinco; Luismi (por Luis Miguel), de cuatro y Florencia, de dos, criollísimos, caballerísimos infantes que podrían llamarse Margarita.

Toda niña que se llame Margarita estará bendecida por Dios.

Mi alma dice: ¡Dios te bendiga, Señor Cara de Lechuza!

¡Atentos todos los que toman droga: sin droga no se puede vivir!

Yo boy a contar lo que ella me contó. Yo lo maté así, por que el me usaba me cojía y me asia limpiar su casa por 10 pesos nada mas ella me contaba a mi que él era un rengo super rata por lo que me asia me usaba y me tiraba a la calle como que yo no balia mas de eso lo boy a matar desia margarita con una moto sierra. Lo boy acer no marga no digas eso bos lo empesaste a querer dijo la amiga.

Si pero aora lo odio. El caso enpeso a inbestigarse. Y ce iva esclaresiendo cuando llamaron a declarar a rita la amiga de margarita. Y ella la grababa con él mp3.

El matrimonio alemán no existió. En un lugar del interior estarán, ellos, mis hijitos. Por 15000 dólares que me gasté en un segundo. Por eso, yugo con putas. Pasar la vida yugando de un lado para el otro. Porque los busco. Sé que están acá.

Mantengo lindos gatos: Pamela, Flora y Luisa, una chica del Rojas, las pegué en los foros de gatos de internet. Hay miles de foros, donde los usuarios hacen los peores comentarios Dolys, Salomon, Escorts, o Famosas argentinas, son algunas de los cabarutes donde se las puede encontrar.

“Flora contraé muy bien los músculos de la vagina”.
“Pamela la chupa cada día mejor”.

Luis me mandó un mensajito de texto al celular.
“A las doce, en el Conventillo de Teodoro”.

Pamela (Luis estaba hasta el cogote con Pamela) me alcahueteó que a Elvis el dueño del boliche, las faja seguido y no se copa con que les demos casa. Tiene miedo de perder tres gatos formidables y cumplidores.

Tomamos un taxi y en un par de cuadras caímos en el departamento donde laburaba Pamela. Elvis no estaba. Mostramos un par de fierros y nos dijeron que, a esa hora, estaba en la bailanta de la Rotonda de San Justo.
Cuando llegamos a la bailanta hicimos un desastre. Entré tirando con la ametralladora, que le compré a dos monos peronistas de Perón. Caían los patovicas como moscas.

Lo primero que apagamos fueron las luces; hay que apagar las luces: es lo peor que se le puede hacer a un trabajador de la noche.

Elvis al vernos, nos recibió con un vaso de whisky en la mano, con los brazos abiertos. No duró nada de pie. Lo percutamos.

Oye, Ginzburg le puso el mote de grasa y Charly García, el de mufa.
Fue. Prócer de cal de la cumbia. 67 años. Fue. Lo mandamos a curepilandia a tocar el arpa con San Jorge.

… Margarita no sabía que Rita la iva a delatar. Por la amenasa que abia resibido. Margarita fue presa porque el rengo le rovó los hijos y los bendió en un prostíbulo, así de vosta es este país que te buelbe loca. En el barrio de la boca abia una mujer llamada margarita y los vesinos del barrio desian que ella tenía que ber con el crimen del rengo transa de la otra cuadra por que era la unica que iba al kiosco del rengo y se encerravan solos con las persianas vajas. El rengo aparesio cortado por 4 cuatro partes la cabesa en el baño y los brazos en la cosina y las piernas en la cama. Y la mayoría del cuerpo en el livin todo sabian que margarita estubo ay hase una hora…

Elvis, chicas: zapatos de charol, camisa roja de seda; tiradores dorados, pantalón de gamusa negra; sombrero alón regalo de Saúl Ubaldini. ¡Va a estar de luto Ricky Maravilla, no tendrá quien le pase el casette de droga!
El quinto Beatle o la segunda Mona Jimenez, pué. ¡45 perdigones de ametralladora M-45! ¡45 perdigones y fiesta soleada de sangre! Todavía es posible un camino bajo el sol, muchacho.

Camino bajo el sol, oh, oh; porque nuestro amor es una esmeralda que un ladrón robó, ¡desesperada!; ¡no tengo a donde ir, sin tin! ¡Sólo puedo repetir, ¡desesperada!! ¡Oh, oh, porque tengo que salir, tengo que escapar al fin de ti! ¡No sé donde están mis sueños ni mi amor!

3. Glorias argentinas de Rafael Castillo

Elvis se llevó todo, inventó todo. Tormenta, Los Wawancó, El Trío Rubí; Fernando Madariaga; El Trío San Javier; con el Paz Martinez adentro. Hoy “hay una voz en el telefono, suena mi corazón”… Kuky Pumar, el futuro dueño de leader ¿dealer? Music.

Negritos todos, vestidos de marrón. Negro vestido de marrón no va. El negro debe vestirse de blanco. ¡Pa que resalte la negrura!

……………………….

Soy un personaje en presente del Pasado Perdurable, que habla y mata, que salió a matar, a darse un saque y a tomarse un café. Después de matar a Elvis, a Risco no lo volví a ver más. Esa noche estábamos muy duros. Andábamos con un kilo de la mejor coca y pasamos por debajo de la autopista y vimos a unos cartoneros drogándose en la rinconada de la Vuelta de Rocha, ahí donde mueren los barcos abandonados. ¡La policía pegándoles! Bajámos con las armas como en una película de secuestros que vi una vez y con la ametralladora corrimos a los ratis. Había un viejo secándose en una anafe con garrafa una herida en su brazo. Se le veía el hueso y el viejo decía, no me duele, no me duele y se tomaba un trago de un tetra. De vez en cuando se paraba con un cuchillo enorme y le ensestaba un cuchillazo al cuerpo ya moribundo de un perro negro dueño de la mordida. Repetía frases de un político tal vez Perón o Chaves. Le hablaba a los fantasmas; a las carpas de cartoneritos drogados, idos hace mucho de este mundo, que intentaban dormir el sueño espeso de su espantosa existencia. Mantuvimos las luces la camioneta encendidas y vimos niños tirados en el piso, basura por todas partes. Arriba, en la autopista corrían los autos ultrasónidos, modernísimos. La industria automotriz no se detendrá nunca, hijos de puta. ¡Hijos de puta! ¡Hijo de putas! Aquellos que piensan que la coca es lo peor. Luis Risco sacó una bolsa de la mejor merca de Bolivia y les dijo a los zombies durmientes.

– Manes, del mísmisimo refrigedor de Evo Morales, cola de lagartija. Desde el centro del latifundio de la América bolivariana y petrolera, va este pase de muerte para todos. Brindemos, snifiemos, muchachos. Es un regalo de un gobierno popular y revolucionario. Y la esparció en las narices de a pilones. No lo olvidaré nunca, eso es un gobierno popular y revolucionario.

… Y algunos boludos dicen que la droga es lo peor…

Arriba pasaban a velocidad del diablo los hijos de puta de siempre. Nos subimos a la camioneta y al rato, Luis Risco, me entregó en los brazos un bebé.

– Este te lo rascaté para vos, Cara de Lechuza.

Y me lo entregó.

“Se llama Maxi, vieja”. Y en la esquina se bajó.

– Gracias por todo, Cara de Lechuza, fuiste lo mejor que me pasó en la vida…

Yo manejé puestísimo, con un bebé en brazos, señores. Fue un sueño.

Después lo mató y se fue del país por que savia el crimen que cometió todos los vesinos del edificio la bieron ay a margarita. Ella la benia planeando ace cuatro meses ya. El rengo juan la cojia y le desia qeu queria un poco mas por el cerbisio no no bales mas de diez sos una loca cualquiera le dijo juan el rengo yo me boy a bengar puto te voy amatar ella se fue del pais ses marchó para mejico y pa que no me encuentren me boy a cer la sirujia de cara no me ban aencontrar los hijos de juan ya grandes querían saver quien era la loca del crimen de su papá

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